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¿Qué tal estás? ¿Cómo te va?
Son dos preguntas que usamos con mucha frecuencia al encontrarnos con alguien pero que, sin embargo, no las usamos cuando nos encontramos con nosotros mismos delante del espejo.
Estas preguntas suelen ser respondidas por un "bien", "tirando", "aquí estamos" y un largo etcétera, dependiendo de lo que queramos decir, de cómo nos sintamos en ese momento y de quién haya sido la persona que ha preguntado.

Y si te formularas a ti mismo esa pregunta, ¿qué te responderías?

Vivimos tan deprisa que parece que no hay tiempo para escucharnos, para saber cómo nos sentimos hoy y mucho menos para pensar qué podemos hacer para sentirnos mejor.

¿Crees que las emociones y los pensamientos que vas teniendo a lo largo del día, a veces incluso sin darte cuenta de cuáles son, influyen en cómo te sientes al final del día?

Personalmente yo creo que sí y por ello te animo a que te mires al espejo, te preguntes cómo estás y, si quieres, me respondas a mí también.